En este libro, Carlos Castaneda continúa el relato de sus encuentros con los restantes nueve aprendices de don Juan y don Genaro, así como con su grupo de guerreros. A lo largo de estos encuentros se le revela la regla del nagual y es instruido en los principios y las prácticas del arte de ensoñar y el arte del acecho.
«Al poder que gobierna el destino de todos los seres humanos se le llama el Águila, no porque sea un águila o porque tenga algo que ver con las águilas, sino porque a los videntes se les aparece como una inconmensurable y negrísima águila, de altura infinita, empinada como se empinan las águilas.
»El Águila ha concedido un regalo a cada uno de todos los seres. A su propio modo y por su propio derecho, cualquiera de ellos, si así lo desea, tiene el poder de conservar la llama de la conciencia, el poder de desobedecer, el emplazamiento para morir y ser consumido. A cada cosa viviente se le ha concedido el poder, si así lo desea, de buscar una apertura hacia la libertad y de pasar por ella».
La Regla del Nagual